Despedir a una compañera con un monólogo personalizado para jubilarse es un regalo original, divertido y que ella recordará siempre.
Es lo que pensaron las compañeras de Dolors, una psiquiatra que ha dedicado su carrera profesional a niños y adolescentes. Después de 35 años de trabajo, querían hacerle una fiesta a la altura. Además de la cena en un sitio único, decidieron contrarme para hacer un monólogo personalizado para jubilarse.
Dolors ha tenido una vida llena de anécdotas y es una mujer inteligente y con caracter, con muchas frases típicas: fui capaz de introducirlas todas en el contexto adecuado, lo que hizo que el monólogo personalizado para jubilarse fuese un éxito rotundo.
Además, antes de empezar me pasee por la sala donde tenían la cena, Dolors pensó que era el dueño del local (las canas siempre imponen) y tuve con ella una conversación previa, algo extraña, que comentó con toda la mesa. El resto se morían de risa, porque sabían quien era yo, y por supuesto, usé ese material al iniciar el monólogo personalizado para jubilarse.
Me puse de acuerdo con las camareras y el equipo técnico del restaurante, para no entorpecer el servicio y hacerlo todo de manera ágil y harmoniosa. Fue muy fácil, son un equipo genial y muy profesionales, además de grandes personas. Así que decidimos que empezaría el monólogo personalizado para jubilarse antes de los postres. Sería como si yo saliese de un pastel.
El monólogo tuvo una duración de una hora, la verdad es que cuando la gente no para de reírse y todo fluye, es difícil parar… de un escenario no me sacan ni con agua caliente!!
Al final, dolors y yo nos fundimos en un abrazo, y ella, emocionada, no paraba de darme las gracias por el monólogo. Pero yo le dije la verdad: dales las gracias a tus compañeras, ya ves que te quieren mucho.
Cuando me propusieron preparar un monólogo para Adela, que cumplía 40 años, tuve claro que no podía ser uno cualquiera. Porque cuando una persona celebra cuatro décadas de vida, lo mínimo que merece es que se hable de ella, de lo que ha vivido y de lo que la hace única. Así que enfoqué este encargo con una misión muy clara: 40 años con monólogo personalizado.
El primer paso fue hablar con su marido. Y no fue una sola conversación, ni mucho menos. Quedamos varias veces —en persona, por teléfono, por mensajes— y cada encuentro me abría una nueva ventana a la vida de Adela. Él me contaba anécdotas de su juventud, de su trabajo, de sus amistades, de lo que la hace reír hasta que le duele la barriga y también de aquello que, cuando se menciona, le humedece los ojos de emoción.
A partir de toda esa información fui construyendo una historia con humor, pero también con corazón. Quería que, al escucharme, Adela reconociera su propio recorrido, con todas sus locuras, sus retos y sus victorias. Porque cumplir 40 años no es solo soplar velas: es mirar atrás con orgullo… y reírse mucho en el camino. Lo que yo buscaba era celebrar 40 años con monólogo personalizado que no dejara indiferente a nadie.
El proceso creativo: cómo se prepara un monólogo personalizado
Mientras escribía, me imaginaba su reacción a cada chiste, a cada guiño personal, a cada recuerdo compartido. También me esforcé en equilibrar los momentos cómicos con aquellos que sacan una sonrisa diferente, de esas que vienen del alma. Quería que la homenajeada sintiera que cada palabra estaba ahí por ella y para ella.
El día del cumpleaños, cuando llegó el momento de subirme al escenario y empezar el monólogo, tenía un único objetivo: que Adela se sintiera la persona más especial del mundo. Y entonces ocurrió. Se rió, se emocionó, miró al público con complicidad y, por un momento, todo su universo fue aplausos, cariño y fiesta.
Si tú también crees que un cumpleaños especial merece un monólogo hecho a medida, ya sabes dónde encontrarme. Porque cumplir años está bien… pero cumplirlos riendo es mucho mejor.
Eso es lo que significa 40 años con monólogo personalizado: transformar una celebración en una experiencia única; convertir recuerdos en risas; hacer que la protagonista se vea reflejada en cada frase.
Para saber cómo suelo trabajar, aquí tienes algunos videos míos:
Hacer un monólogo personalizado para una fiesta de 18 años en Barcelona fue una experiencia única y emocionante. Desde el momento en que entré al restaurante, sentí la energía vibrante de la juventud impregnando el aire. El ambiente estaba cargado de expectativas y emoción, y yo estaba listo para brindarles una noche inolvidable.
Los chicos y chicas, ansiosos por celebrar este hito en sus vidas, se congregaron alrededor de las mesas, riendo y charlando animadamente. La atmósfera estaba impregnada de alegría y camaradería. Con cada mirada y gesto, pude percibir la fuerte conexión entre ellos, lazos de amistad que se habían forjado a lo largo de los años.
Comencé mi monólogo personalizado, cautivando a la audiencia con anécdotas y chistes que resonaban con sus propias experiencias. Hablé de las travesuras de la adolescencia, los momentos de risas compartidas y las aventuras que habían vivido juntos. Con cada palabra, podía sentir cómo se identificaban con mis historias, cómo se sumergían en sus propios recuerdos mientras reían y aplaudían.
Lo maravilloso de este monólogo personalizado fue la capacidad de improvisar y adaptarme al momento. Con cada comentario o sugerencia que surgía de la audiencia, encontraba la manera de integrarlo perfectamente en mi actuación. Era como si estuviéramos tejiendo juntos una historia colectiva, una narrativa que reflejaba la esencia misma de su amistad y celebración.
La expresión «monólogo personalizado para fiesta de 18 años» resonaba en el ambiente, recordándonos a todos el motivo de nuestra reunión. Pero más allá de las palabras, era la conexión genuina entre nosotros lo que realmente importaba. En ese momento, éramos más que un grupo de amigos reunidos en un restaurante de Barcelona; éramos una familia, compartiendo risas, recuerdos y la promesa de un futuro brillante.
Al final de la noche, mientras nos despedíamos con abrazos y sonrisas, supe que esta experiencia había sido especial para todos nosotros. Había logrado crear algo más que un simple espectáculo; había creado un momento de unión y alegría que perduraría en nuestros corazones mucho después de que las luces se apagaran y la música se desvaneciera.
Hacer un monólogo personalizado para una fiesta de 18 años en Barcelona fue un honor y un privilegio. Pero más que eso, fue una experiencia que nos recordó la belleza de la amistad y la importancia de celebrar juntos los momentos más significativos de la vida.
Monólogo personalizado para los 18 años
¡Claro! Aquí tienes el texto:
Hola, soy Pep Ruiz, narrador de historias, y hoy quiero compartir mi experiencia en un evento único que tuvo lugar en un restaurante del centro de Barcelona. Me encontraba allí, frente a un público expectante, listo para hacer lo que mejor sé hacer: contar historias.
El ambiente estaba impregnado de emoción y anticipación. Era el cumpleaños número 18 de un joven, y su familia y amigos habían organizado una velada especial para celebrarlo. Y yo había sido invitado para añadir un toque de magia a la ocasión con mis relatos personalizados.
Me paré frente a la audiencia, sintiendo la energía vibrante que fluía a mi alrededor. Tomé un momento para conectarme con ellos, para sentir sus expectativas y su entusiasmo. Y entonces, comencé a tejer mi magia narrativa.
Con cada palabra que salía de mis labios, transportaba a todos los presentes a un mundo de aventuras, emociones y reflexiones. Conté historias de valentía, de amor, de superación. Historias que resonaban con el joven que celebraba su cumpleaños, historias que resonaban con cada uno de los presentes.
Hablé de los desafíos y las oportunidades que aguardaban al joven al embarcarse en la adultez. Le recordé la importancia de seguir sus sueños, de ser fiel a sí mismo, de nunca perder la pasión por la vida. Y lo hice con palabras que bailaban en el aire, que tocaban los corazones y despertaban las mentes.
Vi cómo las sonrisas se extendían por el rostro de la audiencia, cómo los ojos brillaban con complicidad y asombro. Sentí el poder de la narración en su forma más pura, esa capacidad de unir a extraños en un instante de conexión genuina.
Y cuando llegó el momento de concluir mi monólogo, lo hice con un sentimiento de gratitud y satisfacción. Sabía que había logrado mi objetivo de hacer de esa noche un recuerdo imborrable para el joven y todos los presentes.
Al finalizar, fui recibido con aplausos y agradecimientos. Me sentí honrado de haber sido parte de ese momento especial, de haber podido compartir mi pasión por las historias con quienes estaban dispuestos a escucharlas.
Así que mientras me despedía del restaurante del centro de Barcelona, llevaba conmigo la certeza de que, una vez más, había cumplido mi misión como narrador: inspirar, emocionar y conectar a través de las palabras.
Monólogo en una discoteca
La discoteca de Barcelona estaba repleta de energía y anticipación, mientras los invitados se congregaban para celebrar el 18 cumpleaños de Héctor. El ambiente estaba lleno de luces brillantes y música vibrante, creando la atmósfera perfecta para una noche memorable. Pero lo que nadie esperaba era la sorpresa que les esperaba: un monólogo personalizado hecho por el monologuista Pep Ruiz.
Cuando Pep Ruiz subió al escenario, la multitud estalló en aplausos y vítores. Su carisma y sentido del humor eran contagiosos, y todos sabían que estaban a punto de vivir un espectáculo inolvidable. Pep Ruiz comenzó a tejer una narrativa hilarante sobre la vida de Héctor y su pasión desbordante por los coches.
Con una habilidad única para captar los detalles más divertidos y extravagantes, Pep Ruiz hizo reír a la multitud mientras recreaba situaciones cómicas y anécdotas relacionadas con el mundo del automóvil. Desde las primeras travesuras de Héctor en un cochecito de juguete hasta sus travesuras al volante durante las prácticas de conducción, cada historia estaba cargada de humor y autenticidad.
Pep Ruiz hizo un uso magistral de su talento para las imitaciones, trayendo a la vida a los personajes extravagantes que Héctor había conocido a lo largo de su vida automovilística. Desde el mecánico cascarrabias hasta el vendedor de coches entusiasta, cada personaje estaba lleno de excentricidades y ocurrencias que hacían reír a carcajadas a la multitud.
Pero no todo se trataba de risas y diversión. A medida que avanzaba el monólogo, Pep Ruiz encontró la manera de conectar la pasión de Héctor por los coches con lecciones valiosas sobre el esfuerzo, la perseverancia y la dedicación. A través de historias conmovedoras sobre los desafíos que enfrentó Héctor para seguir su sueño, el monólogo se convirtió en una fuente de inspiración para todos los presentes.
La interacción entre Pep Ruiz y el público fue inigualable. Los invitados se encontraban riendo, asintiendo y animando en cada momento. El monólogo personalizado se convirtió en una experiencia compartida, donde todos se sentían conectados a través de las risas y las emociones.
Al final de la actuación, la discoteca estalló en una ovación ensordecedora. Héctor, el protagonista de la noche, se encontraba radiante de felicidad y emoción. El monólogo personalizado había sido un éxito rotundo, y la celebración de su pasión por los coches se había convertido en una experiencia inolvidable.
La noche continuó con música, baile y una atmósfera de alegría que envolvía a todos los presentes. Pero lo que nadie olvidaría nunca fue el monólogo.
Despedida de soltera divertida
Carmen y las amigas de Tatiana se reunieron en Cornellà para celebrar la despedida de soltera de Tatiana, una amiga querida que se casaría en pocos días. El plan incluía un monólogo personalizado de Pep Ruiz, un comediante muy popular en Barcelona que prometía hacer reír a todas las asistentes.
El lugar era un sitio pequeño y acogedor, decorado con globos y luces, en el que se encontraban las amigas de Tatiana a la espera del espectáculo. Mientras tanto, brindaban con champagne y charlaban animadamente sobre lo que había pasado en sus vidas desde la última vez que se habían reunido.
Poco después, Pep Ruiz hizo su entrada triunfal al lugar, preparado para hacer reír al público con su humor irreverente y sus chistes picantes. Y lo consiguió. Las mujeres, sentadas en mesas redondas, no dejaban de reír mientras el comediante contaba historias y anécdotas que se ajustaban a la medida de Tatiana e incluían detalles de su vida personal.
El público, completamente entregado al espectáculo, reía sin parar. La celebración iba sobre ruedas, todo el mundo se lo pasaba en grande, sin duda, la elección del monólogo personalizado había sido todo un acierto.
Tras el monólogo y la animada celebración, el grupo de amigas decidió continuar la noche en un club cercano, donde permanecieron hasta altas horas de la madrugada. La experiencia había sido completa, Tatiana y sus amigas se llevaron un recuerdo inolvidable y lleno de risas y complicidad.
18 años también dan para un buen monólogo personalizado.
Si tu hijo o tu hija es una persona divertida, un monólogo personalizado será un regalo ideal para sus 18 años, algo diferente que seguramente, no habrá visto ni él ni sus invitados.
Es fue lo que pensaron los padres de Adrián cuando decidieron contratar el monólogo personalizado para su hijo.
A Adrián, como a tantos chicos y chicas de su edad, le encanta salir con los amigos, los video juegos y el manga. Le gustaría ser muchas, muchas cosas, porque tiene una edad en la que cerrarse caminos es absurdo; ya se los cerrará la vida, no hay que tener prisa.
Sus padres, que como no puede ser de otra manera lo quieren mucho, se pusieron en contacto conmigo para resolver todas las dudas. Hoy en día mucha gente prefiere hablarlo todo por whatsapp, pero creo que para algo así una primera llamada, para que nos conozcamos, es importante. Sobre todo para despejar dudas y reticencias que la gente puede tener.
Es normal: primero no sabemos que tal actuará la persona a la que llamamos. Y si lo hace bien, ¿será demasiado cara? O al contrario, será barato pero malo. Es difícil elegir algo así… y sobre todo, a la persona que se lo regalamos, ¿le gustará? Un libro, una prenda de ropa, pueden devolverse, un monólogo personalizado, no. El humor que utilice el monologuista; ¿será demasiado hiriente?
Todas estas dudas pueden despejarse en una primera llamada, o al menos, eso intento. Sobre el precio de mis monólogos: como a mi me encanta trabajar, aplico las tarifas más ajustadas que dignifiquen mi trabajo y me permitan pagar el alquiler, la factura de la luz y demás. Prefiero trabajar mucho y cobrar menos en cada bolo que al revés. Por eso mis precios son muy, muy ajustados.
Sobre si le gustará o no al protagonista: ¡a todo el mundo le sorprende y le gusta! Que un desconocido se presente delante de ti y sepa tu vida y haya construido un relato a partir de ella… no puede dejarnos nunca indiferente. Enseguida verán que si me río de alguien, es de mi mismo.
Tengo clarísimo el objetivo: hacer pasar un buen rato, un rato diferente y especial al protagonista y a sus invitados. Humor, con amor.
Los padres de Adrián quedaron convencidos tras despejar todas las dudas y nos pusimos manos a la obra.
Les envié un cuestionario específico para personas de 18 años. Las circunstancias generales son diferentes, y las preguntas también lo son. A esta edad es también muy importante la aportación de amigos y amigas, a través de sus anécdotas comunes. A veces cuesta que las chicas y chicos de esta edad colaboren, en parte porque no quieren contar algunas cosas a los padres del protagonista, así que siempre digo a los padres que pasen directamente mi teléfono a los amigos, para que me cuenten todo lo que sea directamente a mí.
Pronto me di cuenta de que Adrián era un joven encantador, lleno de ilusión y ganas de vivir. Tuve que investigar algunas cosas: el mundo del manga, del cómic en general, bucear en sus autores favoritos para a través de sus novelas gráficas, buscar paralelismos entre los protagonistas de dichas historias y el propio Adrián y sus amigos, a partir de algunas de las anécdotas que había recibido. Esa parte le encantó, se quedó alucinado.
También investigué sobre sus juegos online favoritos, y después de hablar un par de veces por teléfono con los padres y con algunos amigos, el guion estaba listo.
Me costó memorizar los nombres de los autores de cómic, de los personajes y de los juegos, algunos eran nombres japoneses, y en algunos casos, opté por «hispanizarlos», de forma que fuese gracioso. Funcionó.
El día de la actuación me presenté en casa de Adrián 10 minutos antes de la hora convenida. Es mejor siempre esperar a que te esperen. Fernando Fernán Gómez siempre decía: «nos pagan por esperar».
Su familia y sus amigos me recibieron de forma inmejorable, se notaba que les hacía ilusión a todos.
Adrián aceptó enseguida su rol de protagonista y el monólogo se nos hizo corto a todos, a pesar de que duró unos 50 minutos. A mi también se me hizo corto, porque me lo estaba pasando muy bien.
Y es que hacer reír es una de las cosas más divertidas que pueden hacerse.
Salí cansado, pero satisfecho.
¡Hasta el próximo, quizá sea para ti!
Celebrar 70 años con un repaso divertido a tu vida
Un monólogo personalizado para los 70 años, claro que sí
Cuando cumples 70 años y estás tan a tope como lo está Ángel, celebrar una gran fiesta con tus mejores amigos y tu familia es casi, casi, obligado.
Si además has tenido una vida interesante, con alegrías e infortunios, entonces novelar tu vida es una buena idea. Un monólogo no es una novela, pero con nuestros monólogos personalizados conseguimos que tu vida parezca una novela. Pero eso sí, una novela muy divertida.
Maria Rosa, la mujer de Ángel, se convenció enseguida. Es una mujer acostumbrada a tomar decisiones, y después de hacerme algunas preguntas, vio claramente que encajaba perfectamente para la fiesta que quería organizar a su marido.
Quiso asegurarse de que, a pesar de que se trataba de un monólogo de humor, fuese un producto serio. Y es normal ese miedo. Mucha gente piensa que como lo que vamos a hacer es humor, los monologuistas no somos serios. Desgraciadamente, algunos compañeros con poca experiencia, a veces, confirman esos prejuicios.
En mi caso, después de más de 1000 monólogos personalizados, la seriedad y la profesionalidad están garantizadas. No puedes dedicarte durante tanto tiempo a esto si no combinas talento interpretativo y chispa, pero también seriedad y profesionalidad.
Toda la información que necesité para el monólogo me la proporcionaron las hijas de Ángel y su mujer. Rosa se azoró un poco al ver tantas preguntas: “45 años con él y leyendo tus preguntas, ¡qué poco lo conozco!” Me dijo en más de una ocasión.
También estaba algo nerviosa sobre que cosas iba a decir. Poco antes de empezar, me pidió que fuese prudente. No quería alarmarla, pero le dije que el humor y la prudencia son antagónicos. Humor prudente sería como cocina inglesa o fuego amigo; un oxímoron.
El evento se celebró en la Masia Museu Serra, justo en la frontera entre L’Hospitalet y Cornellà. Los amigos del restaurante estuvieron super atentos conmigo y me dieron todas las facilidades. Como hago siempre, había hablado unos días antes con ellos, para ponernos de acuerdo con el equipo de sonido, los tiempos, etc Me gusta presentarme antes y alterar lo mínimo su trabajo.
Empecé mi actuación tras el postre. Los principios, sin escenario ni nadie que te presente, son a veces un poco fríos, pero yo tengo mis recursos para que eso no ocurra:
Tras la sorpresa inicial, Ángel alucinaba con lo que sabía sobre él. Hubo momentos muy divertidos para mi, cuando él me decía algo sobre alguna de sus aficiones y yo le recogía el guante y completa su comentario. De pasta de moniato, estaba.
Durante el monólogo personalizado conseguí la participación de gran parte del público y todo salió rodado. Tanto Ángel como su familia quedaron encantados, y al acabar, repartí algunas tarjetas. Mis monólogos son como las bodas, de cada uno, salen dos!!!
¡Hasta el próximo, quizá sea el tuyo!
Maestro de ceremonias y monólogo personalizado en una boda.
Estar presente en uno de los días más importantes de dos personas que se quieren es siempre bonito, pero si además, eres uno de los que hacen que esa fecha sea realmente especial, entonces, tu trabajo es un privilegio.
Eso sentí este primer domingo de junio en la boda de Susana y Eduardo.
Desde el momento que contactaron conmigo, sabía que eran dos personas especiales, como todas las parejas que se casan enamorados el uno del otro.
Querían una ceremonia divertida, querían que los invitados no se aburrieran, que se lo pasaran bien, pero también querían que fuese emocionante, que nadie la olvidase.
El padre de Susana no estarían en el evento, porque se lo llevó el maldito Covid, y Eduardo me pidió que la ceremonia tuviese un momento para recordarlos, para que ellos también estuvieran con Susana.
Tenía que ser capaz de crear una atmósfera que tuviera momentos de solemnidad y recuerdo, emotivos y por supuesto, grandes momentos de humor.
Todo un reto, pero un reto maravilloso.
Dividí mentalmente la ceremonia en tres partes, en la primera parte del monólogo personalizado, bromearía con el público y sobre ellos, ya que los novios me habían pasado suficiente información sobre algunos de los invitados como para escribir una enciclopedia. Después, el monólogo se centraría en los novios, en cómo han llegado hasta la boda. Aquí tenía una sorpresa preparada, un as en la manga reservado: había contactado con algunos amigos de los novios y con la hermana de Eduardo, y había conseguido jugosa información sobre el viaje en que se conocieron. Disfruté de lo lindo escribiendo y ensayando esa parte del guión, porque imaginaba su cara de sorpresa…
Ese sería el momento más desternillante de la tarde, seguramente. Y entonces justo después, un recuerdo para el padre de Susana.
Después de varios ensayos con cámara para poder verme después, todo estaba listo.
La ceremonia empezó bajo un sol bonito y que hacía presagiar un día cálido y divertido.
Los novios estaban muy nerviosos, sobre todo Eduardo, que parecía estar en una nube. Le prometí que se lo pondría fácil: ¡solo tenía que decir SÍ!
Cuando los invitados estaban sentados llegaron hasta el atril los novios, acompañados por sus padrinos. Ya sé que siempre se dice que la novia está guapísima, pero esta vez era especialmente cierto.
Empecé con el monólogo personalizado, con un principio suave, para que los novios se relajaran y fueran respirando. Las primeras risas llegaron enseguida.
El monólogo iba fluyendo y funcionando muy bien, así que, sin poder evitarlo, fui improvisando un poco: ¡siempre es lo mejor!
Llegamos al momento sobre cómo se conocieron: ambos se sorprendieron que supiera algunas cosas. Se miraban entre ellos: ¿se lo has dicho tú? Pero luego sus carcajadas no les dejaron mirarse.
Un monólogo personalizado sin sorpresas, no vale la pena. Llegamos al momento emotivo, y el padre de Susana estuvo, de alguna manera, muy presente en la ceremonia.
Entonces llegó el momento de la ceremonia propiamente dicha. Dejaba a un lado el monólogo y comenzaba el maestro de ceremonias para bodas. Me encanta ser un maestro, ¡aunque sea por un rato¡
Había preparado unos votos para cada uno de ellos, que hice repetir conmigo. Entre lágrimas y sonrisas, el novio por fin, pudo besar a la novia.
Aunque llevando 5 años viviendo juntos, creo que no era la primera vez…