Despedir a una compañera con un monólogo personalizado para jubilarse es un regalo original, divertido y que ella recordará siempre.
Es lo que pensaron las compañeras de Dolors, una psiquiatra que ha dedicado su carrera profesional a niños y adolescentes. Después de 35 años de trabajo, querían hacerle una fiesta a la altura. Además de la cena en un sitio único, decidieron contrarme para hacer un monólogo personalizado para jubilarse.
Dolors ha tenido una vida llena de anécdotas y es una mujer inteligente y con caracter, con muchas frases típicas: fui capaz de introducirlas todas en el contexto adecuado, lo que hizo que el monólogo personalizado para jubilarse fuese un éxito rotundo.
Además, antes de empezar me pasee por la sala donde tenían la cena, Dolors pensó que era el dueño del local (las canas siempre imponen) y tuve con ella una conversación previa, algo extraña, que comentó con toda la mesa. El resto se morían de risa, porque sabían quien era yo, y por supuesto, usé ese material al iniciar el monólogo personalizado para jubilarse.
Me puse de acuerdo con las camareras y el equipo técnico del restaurante, para no entorpecer el servicio y hacerlo todo de manera ágil y harmoniosa. Fue muy fácil, son un equipo genial y muy profesionales, además de grandes personas. Así que decidimos que empezaría el monólogo personalizado para jubilarse antes de los postres. Sería como si yo saliese de un pastel.
El monólogo tuvo una duración de una hora, la verdad es que cuando la gente no para de reírse y todo fluye, es difícil parar… de un escenario no me sacan ni con agua caliente!!
Al final, dolors y yo nos fundimos en un abrazo, y ella, emocionada, no paraba de darme las gracias por el monólogo. Pero yo le dije la verdad: dales las gracias a tus compañeras, ya ves que te quieren mucho.
El restaurante donde preparé el monólogo es este:
Para ver cómo trabajo: